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PSICOLOGÍA

¿Cómo identificar los conflictos?

Los problemas vitales son complicados y en ocasiones no pueden resolverse de forma lógica como se resuelven las operaciones básicas de aritmética. Es sencillo sumar, restar, multiplicar o dividir. Pero resolver una ecuación con varias incógnitas requiere de mayor conocimiento matemático y pericia. Algo parecido ocurre con los conflictos, en los que confluyen factores poco conocidos o definidos. Para lograr resolverlos de forma lógica y razonada debemos conocer primero el proceso que despeje esas incógnitas y los simplifique. En los conflictos, las incógnitas representan los factores emocionales y motivacionales que enmascaran la situación de frustración. Un estado emocional desagradable en el que los impulsos para satisfacer nuestras motivaciones son bloqueados por conflictos internos.

Conflictos personales

Malestar y confusión internas respecto a los roles que desempeñas en las distintas áreas relacionales (familia, pareja, laboral…) Bloqueo o parálisis en alguna fase de tu ciclo vital (jubilación, desempleo, maternidad). Obstáculos para avanzar en tus metas. Dificultades para tomar decisiones. Situaciones de pérdida: duelos, soledad, sensación de fracaso, falta de apoyo social. Situaciones que condicionan de forma negativa tus estados afectivos.
En psicología, un conflicto interno se define por la presencia de dos motivos incompatibles entre los que tenemos que elegir. Por ejemplo, elegir entre una profesión que nos apasione y otra que sin satisfacer nuestras expectativas laborales nos compense económicamente. Elegir entre comprar un coche caro que nos dé apariencia de estatus o invertir ese dinero en un plan de ahorro para el futuro. Elegir entre discutir con un familiar que nos disgusta o mantener la armonía conyugal con nuestra pareja. Todas las disyuntivas planteadas nos motivan del mismo modo, pero son incompatibles. Lo cual genera excesiva presión y tensión si no conseguimos darle salida.
Cuando un problema, conflicto o frustración no puede superarse de forma racional, entran en juego los mecanismos de defensa. La negación o evitación del problema. Dos soluciones provisionales que funcionan como lo hace la ingesta de alcohol o un analgésico. Suprimen el malestar temporalmente pero el conflicto sigue estando ahí.

Conflictos interpersonales

Disputas, tensiones, decepciones o rotura de compromisos con vínculos afectivos:
Fuera del círculo familiar: amistades, parejas, compañeros de profesión o estudio.
Dentro del círculo familiar: Disputas familiares y conyugales. Dilemas que se plantean en separaciones y divorcios. Desacuerdos en la distribución de recursos económicos. Desacuerdos en la responsabilidad respecto al cuidado de los hijos. También respecto al cuidado de los padres por causa de enfermedad. Tensiones intergeneracionales y entre hermanos por disputas hereditarias u otras cuestiones.
En muchas ocasiones la causa de nuestro malestar o frustración tiene su origen en las relaciones interpersonales. Cuanto más cercano es el vínculo, más tocada queda la afectividad y más difícil resulta encontrar una solución racional. Las emociones que toman el control en los conflictos son la ira, el miedo y la tristeza. De la mezcla y los excesos de estas emociones básicas (en duración, frecuencia e intensidad) derivan otros sentimientos enmascarados. Cuesta más identificarlos. A la par que son complejos y des-adaptativos. La venganza, el resentimiento, el desprecio, el orgullo o la hostilidad serían sentimientos responsables de conducirnos a la acción impulsiva sin reflexión o bien al cálculo instrumental. La desesperanza la culpa, la soledad o la vergüenza serían los responsables de evitar el problema, en lugar de pedir ayuda.

Conflictos Empresariales

Desequilibrios en la buena marcha de la empresa que generan Incomodidad, malestar y competitividad excesiva. Mal ambiente laboral causado por tensiones y disputas entre empleados. Críticas, rumores, rencillas por falta de información y comunicación entre empleados y empleadores. Disputas y desavenencias entre socios que marcan distancia y merman la confianza. Desencuentro con clientes.
El razonamiento objetivo y la lógica formal son necesarios en la toma de decisiones y resolución de conflictos. Sin embargo, las variables psicológicas (emociones, cogniciones, motivaciones) influyen y condicionan esos procesos.
Por ello, se hace necesario:
Analizar y revisar los canales de información y comunicación de tu empresa o negocio.
Detectar los sesgos cognitivos que distorsionan la información, originan el problema y generan desconfianza, suspicacias, rumores, rencillas…
Garantizar la confidencialidad del proceso.
Evitar los costes económicos, emocionales y legales que los conflictos causan a las empresas. También los costes de tiempo y reputación.