¿QUÉ DEFINE A LA PSICOLOGÍA Y AL PSICÓLOGO?
¿Qué define a la Psicología y al Psicólogo?
Lo que define a la psicología es un territorio tan vasto y diverso que rebasa cualquier intento de definición. La misma dificultad entraña definir lo que es un psicólogo. Por ello, si tuviera que buscar una metáfora que definiese a la psicología y al psicólogo, me fijaría en la escultura de la foto: “El alma del Ebro”. La figura humana que representa adquiere distintas perspectivas. En función desde dónde se observe y de quién la observe la mirada será distinta. El contorno que la define está formado por variadas y numerosas letras blancas. Al estar desordenadas, puede construirse con ellas fragmentos con sentido que definan a la psicología y al psicólogo.
Las distintas partes de la figura humana están inacabadas. Para el autor de la escultura ésta simboliza “una mirada hacia dentro”. Introducirse en el hueco de la figura permite descubrir ricos matices que no son observables desde fuera. Es más, para el observador externo puede ser una figura hueca y vacía de contenido. ¿Qué define a la Psicología y al psicólogo? ¿Vemos lo mismo desde dentro que desde fuera?
Se puede «tener psicología» sin ser psicólogo y se puede dar consejo sin que sea psicológico ni profesional
Una de las batallas sociales que la psicología profesional sigue librando en la calle es su diferenciación de la llamada “psicología popular”. En esta última acepción de lo psicológico, “tener psicología” sería equivalente a tener sentido común o empatía con los otros para ayudarles a encauzar sus problemas. Sin duda, dos cualidades necesarias pero insuficientes para orientar la conducta en un sentido adaptativo. De manera que, “tener psicología” estaría al alcance de cualquier ser humano generoso y dispuesto a prestar un consejo amigo. Un consejo que podría verse potenciado por las lecturas de algún manual de auto-ayuda o por el aprendizaje informal de algunas técnicas y herramientas psicológicas.
Este aprendizaje ocasional también beneficiaría a profesionales de otras disciplinas, que en el ejercicio de su profesión, verían potenciado el “tener psicología” y su capacidad para dar un consejo amigo. En ningún caso esa formación les habilitaría para ejercer las funciones propias de un psicólogo. Y de hacerlo, incurrirían en intrusismo profesional. Del mismo modo que un psicólogo con formación jurídica no puede asesorar jurídicamente, tampoco los operadores jurídicos con formación en psicología pueden asesorar psicológicamente a sus clientes.
¿En qué se diferencian el consejo psicológico profesional del consejo amigo?
En el consejo amigo, a diferencia del consejo profesional, es innecesaria la formación superior en psicología como disciplina académica. La psicología es una ciencia natural, social y humana, que se fundamenta en un cuerpo básico de conocimientos biológicos, filosóficos y sociales, que son aplicados a la conducta humana. De hecho, la historia de la psicología fue durante siglos la historia de la filosofía de la mente, la epistemología y la ética. La mayoría de escuelas de pensamiento psicológico coinciden y entienden que la conducta es regular, intencional y significativa.
El desacuerdo o la tensión entre escuelas se evidencia en el mayor o menor peso que atribuyen a los factores biológicos, filosóficos y sociales para explicar la conducta. También al mayor o menor uso de los métodos cualitativos y cuantitativos en la evaluación. El desarrollo y la evolución de la disciplina psicológica son tan amplios, que la Psicología se estructura en diversas áreas de conocimiento: Básica, General Y Aplicada.
La Psicología Básica Integra todos los conocimientos científicos sobre la mente y la conducta humana. Estos conocimientos provienen de la Psicología General Experimental que integra la Psicología Matemática y la Evolutiva; también provienen de la Psicología Diferencial y de la Psicología de la Personalidad, que agrupa a la Psicobiología y la Psicología Social. Estos conocimientos generales permiten a las ramas de la Psicología Aplicada (Educativa, Clínica y de la Salud, y Organizacional) explicar y resolver con eficacia los problemas que el ser humano encuentra en la concreción de su conducta.
Las Psicologías Básica y Aplicada son agrupaciones sistemáticas de la psicología científica. Los conocimientos que la Psicología Básica aporta para explicar los problemas psicológicos son: El condicionamiento clásico y el condicionamiento operante, la motivación, la emoción, la personalidad, la cognición, la atribución y la generalización semántica.
La Psicología General, que es parte de la Psicología Básica, establece las bases teóricas generales de toda la disciplina. Al tiempo que describe y explica los procesos mentales. También las funciones de la conducta en general de los sujetos normales y maduros.
¿La definición de Psicología General coincide con la de la psicología científica?
Efectivamente. En ocasiones puede confundirse una parte de la psicología con toda la psicología. Por ejemplo, la psicopatología que estudia los trastornos mentales es solo una parte de la rama clínica de psicología.
De manera que, los contenidos que integran la Psicología Básica, General y Aplicada fundamentan el conocimiento superior de un psicólogo. Fundamentan también el tratamiento y uso de los test, las terapias, el consejo psicológico y las técnicas y herramientas psicológicas de las que se sirve un psicólogo.
Independientemente de la corriente o enfoque que se adopte y de la especialidad que se elija, un psicólogo general, además de “tener psicología”, comparte ese cuerpo común de conocimientos generales sobre la conducta, que han sido aplicados con eficacia a los distintos ámbitos y problemas humanos.
Un cuerpo común de saberes que le habilitan para prestar ayuda psicológica, bien en el ámbito clínico, educativo, familiar, social, organizacional o jurídico. Una ayuda psicológica que se presta en función de los fines de la evaluación. Ya sean estos fines descriptivos, de diagnóstico, de selección, de orientación y consejo, o de predicción.
Sin embargo, en situaciones de indecisión, bloqueo o crisis lo común es recurrir al consejo de los próximos o “consejo amigo”. Que funcione es lo deseable y nada hay de extraño en ello. Aunque conviene estimar siempre la naturaleza del problema, la frecuencia e intensidad con la que se manifiesta y el vínculo que tengamos con quien da el consejo. La conducta desajustada que manifestamos en un momento dado está en función de interacciones recíprocas entre variables de situación y personales. En los contextos familiares o de amigos nuestras acciones y conductas influyen en ellos y nosotros somos influidos por sus acciones y conductas.
Digamos que en un contexto cercano es más difícil ser imparciales y objetivos. Es más fácil caer en la etiqueta, la crítica gratuita o el prejuicio sobre las acciones de los otros. También es más fácil que nos digan lo que queremos oír y no lo que necesitamos escuchar. Ya sea por exceso o por defecto.
¿Cuándo se estima ventajoso el consejo psicológico profesional frente al consejo amigo?
Si el vínculo es próximo es probable que perciba o recuerde lo que le contamos de una manera sesgada. Primero porque nos conoce o cree conocernos. Y la imagen que tiene de nosotros real o percibida condiciona e interfiere en su escucha y en su juicio. Segundo, porque al escucharnos pondrá su atención en la parte de tu discurso que suscite su interés. Y éste no tiene por qué coincidir con el tuyo. Procesar la información que recibimos para qué encaje en nuestras ideas preconcebidas es un sesgo habitual. Pero este sesgo se magnifica con los próximos y en los círculos cercanos.
Otro inconveniente es que el desahogo de nuestros problemas puede perjudicar a otras personas del círculo próximo. Hablar de un amigo con otro amigo o de un familiar con otro familiar conlleva ciertos riesgos. En ocasiones, que sean receptores de nuestras preocupaciones puede suponer para ellos una pesada carga. O bien no saben qué hacer con ella. O bien necesitan depositarla en otro ser humano. La confidencialidad se ve comprometida y puede estallar cuando el vínculo se debilite.
Por ello, cuando las situaciones de indecisión, crisis o bloqueo se dan en un contexto familiar o de relaciones interpersonales vinculantes conviene calibrar: Si esa ayuda bienintencionada resulta contraproducente y nos provoca más confusión e intranquilidad; si la misma persona o respuesta que en otras ocasiones ha aliviado nuestro malestar es suficiente o ha dejado de ser útil en la situación actual; y si percibimos el vínculo con ese amigo o familiar como la causa de la inseguridad o el bloqueo que nos impide avanzar.
Cuando estas respuestas son afirmativas, la ayuda psicológica profesional es la mejor opción. Es una ayuda externa a tu círculo cercano, esquivas los intereses personales que pueden guiar su consejo y tienes la garantía de la confidencialidad que exige la ética profesional. Se puede tener una casa, pero necesitar un hogar. Del mismo modo, se puede contar con un consejo amigo, pero necesitar el de un psicólogo.
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