TRANSITAR EL CAMINO DE LA MEDIACIÓN
Transitar el camino de la Mediación
La psicología es el camino idóneo para llegar a una mediación efectiva en los conflictos interpersonales. Transitar este camino requiere observación y escucha activa. Equilibrio, ajuste y mesura al observar el paisaje. Control sobre uno mismo, y la comprensión de que el mapa que nos guía no representa todo el territorio. Los conflictos se prestan a múltiples clasificaciones en función del nivel de intensidad, de las partes implicadas, del ámbito en el que se producen y de las causas que los originan.
De acuerdo con la clasificación de Christopher Moore, las causas de los conflictos pueden ser: estructurales, las que atañen a recursos, discrepancias en normas y en organización de sistemas; de intereses, que se explican por la incompatibilidad de metas y por entrar en colisión con otras personas no vinculantes; de información, facilitadas por los rumores y malos entendidos que entran en circulación en un contexto determinado; Personales; las que se refieren a elementos asociados a las relaciones interpersonales; y de Valores, referidos a las identidades, a las creencias religiosas, políticas, ideológicas o culturales con las que nos identificamos.
En atención a estas causas propuestas por Moore, los conflictos de intereses y de información serían más fáciles de negociar, mediar y resolver. La razón esgrimida es que la ausencia de vínculos afectivos facilitaría el proceso de mediación para llegar a un acuerdo. En contrapartida, el componente emocional de los conflictos personales los haría más confusos y borrosos, hasta el punto de tornarlos inmaduros para ser mediados.
Un conflicto interpersonal puede definirse como una situación en la que dos o más personas entran en desacuerdo. Y lo hacen cuando perciben sus posiciones, intereses, necesidades o valores como incompatibles. Pero al mismo tiempo, para que se dé una situación de conflicto, tiene que producirse una relación de interdependencia entre esas dos personas. Ambas se necesitan para satisfacer sus respectivos intereses, pero no encuentran el camino para superar bloqueos y salvar sus diferencias. De hecho, en ocasiones, el mayor problema no es el conflicto en sí. Lo que fortalece o deteriora la relación de las partes en conflicto depende del proceso de resolución que se adopte. Hay procesos que conducen directamente a la confrontación y otros que favorecen la solución dialogada y pacífica.
La vía judicial y la mediación cómo alternativa
“Antes de entrar en el palacio de la justicia hay que pasar por el templo de la concordia”. La vía judicial y su binomio ganar-perder es el camino más seguro para dinamitar todos los puentes de la relación. Acudir a la justicia debería ser el último recurso de los ciudadanos para dirimir sus controversias. Y sin embargo, el colapso de los juzgados es una realidad insoslayable que se vio intensificada en la pandemia.
La Mediación es un método de resolución de conflictos entre partes enfrentadas ante un tercero neutral. La Mediación puede ser ejercida por profesionales de las más variadas disciplinas. Aunque, lo habitual, es que sea ejercida por profesionales de la psicología y del ámbito jurídico y social. De hecho, las condiciones de acceso a la profesión mediadora en el ámbito familiar exigen estudios superiores en ciencias sociales, humanas o jurídicas. Una formación universitaria a la que se suma una formación específica en mediación que capacite técnicamente a los mediadores para ayudar a resolver controversias.
La lógica de esta formación superior de base en la profesión mediadora responde a la misma esencia de los conflictos familiares. Una esencia que se nutre de tres componentes: psicológico, legal y social. Los tres se influyen y se retroalimentan de forma circular en la espiral del conflicto familiar.
La influencia legal en los conflictos familiares
El Derecho describe y regula de forma normativa la formación de los vínculos familiares. También determina los límites y el alcance legal de su conducta. Por ejemplo, los derechos y obligaciones que se tienen en relación al cónyuge o a los hijos durante la convivencia y tras un divorcio. La norma prevé el cese de la convivencia o las situaciones de ruptura que puedan producirse sobre esta cuestión. De ahí, que los profesionales del derecho sean los receptores habituales de estos conflictos para asesorar legalmente a sus clientes.
En base a la norma que rige estos procesos se resuelve lo que a cada uno le corresponde por ley. De ahí que cada parte defienda los derechos que benefician sus intereses, sin pensar si esos derechos perjudican a la otra parte. Cuando la norma discrimina o perjudica a una parte frente a la otra, se planta una semilla para la discordia.
Las soluciones judiciales estándar no contemplan las situaciones particulares. Lo normal es que dejen de lado otras dimensiones del conflicto sin poder ofrecer una solución ajustada a las necesidades personales de cada miembro. La solución que se dictamina es ajustada a las normas jurídicas que rigen en ese momento, pero obvia las dimensiones psicológica y social que siguen alimentando el conflicto. Dos dimensiones que necesitan ser atendidas para que, tras la ruptura de pareja, el vínculo pueda continuar de una manera cordial.
La influencia social en los conflictos interpersonales
El componente social se refiere a las personas como seres sociales. Pone en evidencia cómo la cultura, a través de sus medios de influencia social, marca las modas, las costumbres, las creencias y los discursos dominantes. Incluso marca el modo “correcto” de manejarnos en las relaciones. Ya sean familiares, interpersonales o sociales. Esta influencia es temporal y cambia en función de las modas o las costumbres.
En ocasiones, la identidad personal se ve amenazada en los conflictos de valores. Puede ocurrir que esta identidad personal se haga fuerte frente a la social, al entender que los valores no son negociables. O bien puede subordinarse a una identidad social que aparentemente le da cobijo y protección.
El impulso de pertenencia al colectivo social es muy fuerte. La identidad social promueve creencias a las qué adherirse para no sentirnos rechazados o excluidos. Creencias o ideas: políticas, filosóficas, religiosas o culturales que chocan con nuestra identidad personal. Lo cual provoca desajuste y tensión. La polarización promovida por distintos grupos sociales se traslada a las vidas particulares. Y promueve las disputas y el enfrentamiento en las relaciones.
La influencia psicológica en los conflictos
La psicología, por su parte, contribuye a identificar los conflictos que subyacen a las conductas de los actores implicados. Como ciencia del comportamiento humano, analiza los procesos que originan, sostienen o alimentan esos conflictos. Y lo hace en base a las emociones, cogniciones y motivaciones de cada parte. Tres procesos psicológicos que se interrelacionan de forma dinámica e interdependiente.
A su vez, la psicología encuentra una adecuada vía de canalización y expresión de esas emociones. Esta vía permite que aflore, posteriormente, la parte racional con la que enfrentar el problema y tomar decisiones. Así se transforma un conflicto emocional o inmaduro en un conflicto apto para ser mediado.
De hecho, en el proceso de mediación, gran parte de los conceptos, herramientas y técnicas que utilizan los mediadores son aportes de la psicología. Y especialmente de la perspectiva psicosocial.
De manera que la influencia del contexto es relevante en el análisis del conflicto. De igual modo, las variables situacionales y personales son fundamentales para comprenderlo y encauzarlo hacia una resolución pacífica.
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