LA NARRATIVA EN LA PSICOLOGÍA
La narrativa en psicología como instrumento sanador y terapéutico
El uso de la narrativa en Psicología se refiere al uso de la palabra como instrumento sanador y terapéutico. La tradición narrativa, oral y escrita, se relaciona más con el orador y el escritor virtuosos que enseñan, entretienen o emocionan a una audiencia. Sin embargo, el uso de la narrativa presenta mayor alcance. Por lo general, la combinación de narrativa y psicología opera en aquellos oficios donde la palabra puede ser utilizada como instrumento motivador, estimulante, sanador, educativo o terapéutico.
Las narrativas, independientemente del contexto en el que se construyan, necesitan de la pericia psicológica. En el sentido de saber identificar, describir, estructurar, analizar, comprender y explicar lo que acontece. Anticipar conductas individuales o colectivas en relación a un suceso que podamos vivir nosotros o los demás. Un suceso que podamos narrar en primera o tercera persona.
Brunner tenía claro aquello nos hace humanos y nos distingue de la máquina. El uso de inteligencia natural para narrar historias es fundamental: “El hombre no es un ordenador, es un narrador”. Los autores White y Epston, desde el trabajo social llevaron la narrativa a la intervención familiar y a la Mediación. Howard, entre otros autores, acercaron el poder de la narrativa sanadora hasta la psicoterapia. La narrativa en la psicología como instrumento sanador y terapéutico.
Construcción narrativa en las ficciones
El escritor cuando inventa unos personajes de ficción necesita significar la experiencia de esos personajes en el plano de la acción, de acuerdo a unos sucesos vividos externamente. Sucesos anecdóticos, triviales o excepcionales que han podido impactar y alterar la trayectoria vital del personaje.
Ese impacto se traduciría en conflictos internos que tensionarían las vivencias del personaje y su relación con los otros. El cambio en sus patrones de conducta podría manifestarse externamente a través de sus acciones. También a través de la toma de conciencia de la situación vivida por el personaje que el escritor pretende representar.
Es importante que el escritor signifique la experiencia de sus personajes de forma coherente en el marco de una historia. Y ello es posible, de acuerdo a unos valores o perfiles elegidos que hagan interesante la vida de esos personajes. Las historias que cuenta el narrador suelen ser interesantes en la medida en que los lectores o espectadores se ven reflejados en el espejo de esos personajes. En la medida que se sienten representados por ellos en la narrativa y en la historia que se escriba.
Significar las narrativas personales en la vida real
Al margen del proceso creativo de las ficciones, en el mundo real las narrativas personales discurren por cauces similares. Los seres humanos también estamos orientados de forma proactiva hacia la construcción de significado que dote de sentido las vivencias que nos acontecen. Las emociones agradables o desagradables que sentimos dan valor a nuestra experiencia. Y a partir de estas valoraciones que conectan con la memoria emocional se construye el pensamiento. Una representación cognitiva que suele guiar y condicionar nuestra acción futura en una dirección determinada.
Este proceso de interiorización o de toma de conciencia de la experiencia vívida es posible gracias al lenguaje. A través de la palabra pasamos del plano de la acción en el que tiene lugar la vivencia al plano de la representación o narración de esa experiencia. El significado de nuestras experiencias vitales está condicionado por las historias que vivimos, las que nos contamos y las que nos cuentan.
El significado también correlaciona con la manera en que asociamos y enlazamos los acontecimientos. Las secuencias continuas y discontinuas se suceden y se alternan. No siempre aparecen ni responden a un orden lógico. En ocasiones es difícil enlazarlas al hilo conductor por el que discurre la realidad de nuestra trama.
Un hilo conductor que se debilita y que incluso puede romperse cuando la tensión es máxima, cuando la intensidad y frecuencia de los estresores nos desborda. Es entonces cuando la narrativa se nos presenta confusa propiciando el vacío, el caos o el estancamiento. El eco de distintas voces narrativas se entremezcla y resuena en nuestro pensamiento, para llenarlo de palabras, frases y fragmentos sin sentido. La desorientación se hace patente porque no conseguimos entender ni dar sentido a las secuencias que acontecen. Confundidos por la neblina, es fácil caer presos de una narrativa dominante que se impone desde fuera y que nada tiene que ver con nosotros.
Herramientas para un cambio personal, social o afectivo
Decía Bandura que la psicología no puede decir a la gente cómo deberían vivir sus vidas, pero sí puede proporcionarles significado para un cambio personal, social y afectivo. La Terapia Narrativa es uno de los enfoques terapéuticos de la Psicología. Sus principios están orientados a la construcción de una narrativa autobiográfica que aporte sentido y significado a la vida de las personas. Y lo hace de una manera guiada. La narrativa en la psicología como instrumento sanador y terapéutico.
La terapia es humanista, constructivista e integradora. Ayuda a la persona a encontrar el significado de su problema en el contexto de sus relaciones y de su narrativa existencial. Se trata de encontrar un sentido al sufrimiento y al sinsentido, que permita divisar un futuro más amable y menos hostil. Se favorece poder imaginar o visualizar la vida de uno como si fuera un libro, en el que poder describir cada capítulo. La imaginación y la creatividad enriquecen esos capítulos con anécdotas, fotografías e imágenes que nos identifican. Enriquecer esos capítulos contribuye a hacerlos más creíble para nosotros y para el resto. Se favorece así poder revisar el proyecto vital, fragmentarlo y acotarlo para hacer más accesible, ordenada y lógica la narrativa.
¿Qué significa construir tu narrativa?
Construir tu narrativa significa poner sentido donde no lo encuentras y posicionar tu historia en un tiempo y lugar, como si se tratara de una guía vital donde están accesibles y localizados todos los capítulos. Decía el filósofo y teólogo Seren Kielegard, que aunque la vida debe ser vivida hacia adelante, para comprenderla es preciso mirar hacia atrás.
Para algunos autores la narración no se limita a la experiencia de contar sino a la experiencia de ser o no ser creído. Toda narración tiene un componente social que se activa al ser compartido con el público y cobra vida propia. Por ello, construir significado implica posicionarnos como protagonistas de nuestras experiencias y de nuestra vida. Implica abandonar los papeles secundarios que hemos asumido en nuestra trayectoria vital, en favor de otros.
Construir significado implica posicionarnos como protagonistas de una narrativa en evolución y cambio permanente. Lo importante es entender y descifrar qué nos ha pasado, para poder cerrar el capítulo o pasar a la página siguiente. Construir significado implica saber reconocer en qué momento se produce la transición de un capítulo a otro.
Esos momentos pueden referirse a enfermedades, duelos y pérdidas de confianza a nivel personal, laboral o social. Pueden referirse también a cambios físicos, de residencia o de pareja que nos han marcado especialmente. Es fundamental revisar el papel que juegan o han jugado estas situaciones en el contexto de nuestra vida y de nuestras relaciones.
Transformar la narrativa del caos
Las técnicas de reconstrucción de significado ayudan a la persona a recuperar un sentido de autoría y protagonismo en su narrativa. Al tiempo que le permiten liberarse de los propios pensamientos intrusivos y dominantes que la ahogan. Pensamientos recurrentes y rumiadores que asaltan la mente con sus voces impostadas e impiden que otra voz narrativa fluya y evolucione.
Las técnicas permiten dar sentido a las vivencias de su experiencia privada y también relacional. Una de las prácticas que funciona es externalizar los problemas de la persona. Ofrecer una mirada distinta en la que pueda dejarse fuera el miedo o el problema. Es interesante preguntarse en qué medida alimentamos ese miedo o le damos un soporte innecesario. En qué medida y de qué manera influye ese miedo en nuestra actitud y conducta con los otros.
Descubrir si ese miedo o problema se alimenta de nuestra inseguridad y gana fuerza porque le damos un protagonismo excesivo. El triunfo sobre ese miedo es tener coraje para reconocerlo y enfrentarlo. Perder el hilo conductor por el que discurre la realidad de nuestra historia equivale a perder temporalmente el significado. Equivale a experimentar emociones, pensamientos y motivaciones que nos desestabilizan. Y también nos posicionan con desventaja en el ámbito de nuestras relaciones personales más conflictivas.
Anticipar el futuro y construirlo desde la narrativa
Mientras establecemos un diálogo interno negativo, evitamos enfrentarnos a los cambios a los que debemos adaptarnos para seguir avanzando en nuestra trayectoria vital. Y es que la mejor manera de ayudar a la persona a proyectar su narrativa en el futuro y salir del bucle en que se halla inmersa es invitarle a anticipar ese futuro y construirlo desde la narrativa. Imaginar cómo se ve uno en el medio y el largo plazo, una vez superado el miedo o el problema resulta eficaz. Supone una acción decisiva que enmudece las rumiaciones y el diálogo interno negativo.
Esta invitación a anticipar el futuro, trata de poner el foco en la acción de narrar. Trata de elevar la confianza de la persona en sus posibilidades de realización, pero no desde una perspectiva fantasiosa o poco realista, sino realizable y ajustada a sus circunstancias. Se trata de realizar el esfuerzo de imaginar y construir un futuro en el que se pueda tener control sobre ese miedo o problema.
Siempre existen acontecimientos externos fuera de nuestro control que no podemos cambiar, pero sí que podemos cambiar la forma de pensar en ellos. Al tiempo que es importante identificar y comprender los miedos o problemas que se nos presentan de forma recurrente. Siempre podemos tomar la distancia precisa y observarlos ajenos a nosotros con una mirada constructiva e integradora. Una visión que nos permita reordenar la realidad y abordar aquellos aspectos en nuestras vidas que sí podemos cambiar